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Saturday, December 10, 2005 

sèptem

El número siete más allá de presentarte como un dígito corriente, lo hace como una forma misteriosamente simbólica que va más allá de una cifra y es parte innata de conceptos inherentes antiquísimos.

Los siete mares, las siete pestes, los siete chakras y los siete pecados capilates , son algunos de estos conceptos milenarios, siempre presentes y cada vez menos considerados en su significancia, pero con el punto común de ser siete.

Fuera de la evidente relación numérica, no puede resultar antojadizo que los elementos se dispongan azarosamente en tales cantidades; resultando preciso indagar sobre las propiedades inherentes al séptem.

Teorías al respecto hay muchas, pero la más coherente dice relación con tratarse de la primera cifra consecutiva que pone en jaque al sistema sexagesimal imperante. Ejemplo de ello es la dificultad que implica representar la séptima parte de un todo mediante el empleo de fracciones sexagesimales sin recurrir al soporte de otras operaciones más intrincadas.

Este carácter negativo que fue caracterizando al dígito , resultó caldo de cultivo apropiado para crear conceptos, tanto luctuosos como funestos, basándose en la sombra de siniestralidad que traía la sola cita del número siete.

Por otra parte, tal como ocurre actualmente en los pueblos del asía, en la antigüedad los pueblos consideraban los nombres de nos dígitos no como una representación numérica en sí, sino como una propuesta conceptual (o representación propia) donde se sucedían N cantidad de divisiones... tendencia que una vez más queda en vilo en el séptimo concepto que representaría al destino. Con lo cual, cualquier intento de dividir, sumar, descontar, y en definitiva, manipular el destino, es un acto de un talante esencial para la construcción del esoterismo.